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La Marca

Detalles

Despierta... Despierta... ¡Despierta!. Abrió los ojos y esperó. Tan solo escuchaba sonidos procedentes del exterior, atenuados por el grosor de las paredes. Tenía frío. No mucho, pero no se encontraba cómoda del todo. Aquellas dichosas molestias que tenía desde hacía unos meses habían empeorado.

 

Intentó moverse para encontrar una postura más cómoda y quizá, así, tener algo más de calor. No podía moverse. ¿Por qué no podía mov...?. Ah, si, los grilletes que la mantenían encadenada a la pared. Sonrió. Supo que él no estaba lejos. Nunca la dejaba sola si estaba encadenada. Sí, un leve movimiento a su izquierda le descubrió. Y su sonrisa se hizo más amplia.

 

- "Hola, Mi Señor". - "Hola, pequeña" - respondió él. - "Has dormido mucho. Es casi la hora de comer". - "Disculpe, Mi Señor. La experiencia de anoche me dejó agotada". Él se rió abiertamente. - "Eso era exactamente lo que esperaba, pequeña. Voy a soltarte y subiremos arriba. Necesitas darte una buena ducha caliente para entrar en calor y hay que hacer la comida".

 

Sacó la llave que guardaba en el bolsillo y abrió los grilletes. La ayudó a levantarse y subieron las escaleras. Ella iba, como siempre, dos pasos detrás de él, con la mirada baja, esperando que él le permitiera mirarle. La dejó en el baño para que se duchara. Ella se paró delante del espejo, admirando cada una de las marcas que cubrían su cuerpo. Las marcas de azotes, las marcas de los grilletes, la marca de Él...

 

Esa marca había supuesto un gran debate, meses atrás, que había durado días. Ambos querían algo que indicara a todos que ella era de su propiedad, pero nada en este mundo es eterno y la duda sobre el futuro les había frenado en más de una ocasión. Al final se decidieron por algo pequeño, una pequeña inicial que podía significar muchas cosas pero que, en este caso, era la inicial de Él.

 

Se dio una ducha tranquila. Su mente empezó a vagar... recordando... Estaba tan excitada como siempre cuando bajaron al sótano, donde Él había organizado una improvisada mazmorra. No era un Amo que diera órdenes. Más bien sugería. Sabía que ella obedecería sin dudarlo. La llevó hasta el potro que se encontraba en medio de la mazmorra.

 

Hoy iba a ser una sesión de las duras, se dijo ella. Los protectores acolchados del potro, los de la silla, los de la cruz... Todos habían sido retirados por Él. Y aunque eso, en parte, la ponía nerviosa por la pequeña incomodidad física que sentiría durante la sesión, le encantaba que Él retirara los protectores a veces. Era un orgullo para ella soportar así una sesión entera.

 

Una vez la tuvo atada al potro y con unas pinzas con peso en los pezones, le dijo... - "Voy a azotarte. Y quiero que los cuentes. En voz alta". De inmediato ella sintió cómo se humedecía su entrepierna. Hacía ya mucho que habían dejado atrás los azotes suaves. Ella necesitaba más y Él se lo daba. Sintió sobre sus nalgas el roce de una fusta. Había escogido la más dura para azotarla y ella adoraba esa fusta. Con el primer azote, ella empezó a contar...

 

- "Uno... dos.. tres... veinte..." - "¿Verde?" preguntó Él. - "Verde, verde... Mi Señor"... respondió ella. - "Veintiuno... veintidós... treinta y cinco... treinta y seis... sesenta y dos..." - "¿Verde?" volvió a preguntar... - "Verde, Mi Señor"... respondió ella.

 

Él se colocó delante de ella y le metió el pene en la boca. - "Cuenta mentalmente, no vayas a morderme o te daré diez azotes más de los que tengo pensado darte".

 

Mierda... eso la había pillado por sorpresa y había perdido la cuenta. ¿Cuantos llevaban? Piensa, piensa... ¿Cuantos?... ¡¡Sesenta y dos!! ¡¡Sesenta y dos!!. Ufff, menos mal. Él la castigaría si se olvidaba de cuantos llevaban. Aunque a ella el castigo le gustara, no podría disfrutarlo. Era un castigo. Disfrutarlo supondría otro castigo que seguro que no le iba a gustar tanto. Cuando Él la consideraba rebelde, solía dejar de hablarle durante unas horas y eso, para ella, era el peor castigo posible.

 

Siguió contando mentalmente mientras lamía y chupaba. Entonces le escuchó reírse y se detuvo. Se preguntó qué sucedía, ya que estaba segura de no haberlo mordido ni haber hecho ruido mientras contaba mentalmente.

 

Él la miró y le dijo - "Te estás frotando contra el potro. ¿Tantas ganas tienes de que te monte?". Ella se sonrojó, avergonzada. No estaba bien intentar conseguir placer frotándose contra el potro, ni siquiera inconscientemente. Pero Él no parecía enfadado. Más bien divertido. La soltó del potro, la agarró de los pesos que tiraban de sus pezones y fue entonces cuando ella sintió el dolor. Hasta ese momento ni había pensado en sus pezones, pero ahora...

 

Caray, cómo dolían. Pero podía soportarlo. Un poco más, al menos. Él la encadenó a la pared de manera que pudiera tenerla de frente y desde atrás con solo girarla. La miró a cierta distancia y le quitó el peso de los pezones, masajeándolos. Por un momento ella se alegró. La verdad es que dolían. Pero al momento se sintió... incompleta. Sus pezones volvían a necesitar atención. Pero no sería hoy. Hoy Él había decidido que ya habían tenido bastante y ella debía aceptarlo.

 

Lo vio coger una fusta más pequeña y supo que la iba a hacer correrse una y otra vez a fuerza de azotar su entrepierna. Y empezó. Al menos no le hizo contar los azotes. Le habría sido imposible llevar la cuenta. Apenas al tercero ya estaba corriéndose. No sabía el tiempo que la hizo correrse así, ni las veces que lo consiguió. Tenía un vago recuerdo de que, en un momento dado, Él la había colocado cara a la pared, inclinada, con las nalgas hacia afuera, y la había follado mientras retorcía sus pezones. Después todo se volvía negro...

 

Cuando al fin salió de la ducha, se entristeció. Sintió cómo se rompía por dentro. Hacía unas semanas que sabía que su salud no era buena. Tarde o temprano tendría que tomar una decisión. Y no sería fácil. Debería elegir entre seguir con él y puede que terminar siendo una carga más que otra cosa o alejarse de él antes de empeorar y perder todo lo que para ella era importante, perderle a Él, pero no ser un lastre en su vida. ¿Por qué era siempre todo tan difícil?.

 

Ya había pasado por un par de situaciones similares anteriormente, confiando en que la persona en cuestión la aceptara todavía a su lado a pesar de su salud, pero había terminado siendo abandonada y despreciada y, sinceramente, no soportaría que le pasara lo mismo con Él. Fue entonces cuando tomó la decisión de dejarle. Elegir separarse de Él dolía, mucho, pero era mejor que la opción de que Él la alejara. Con eso no habría podido.

 

En silencio, se vistió y fue a la cocina. Nunca se había sentido tan triste como en ese momento. Eran sus últimas horas con Él. Las últimas en las que compartiría sus pasiones con Él. Las últimas en las que sería suya. Sintió ganas de llorar, pero se contuvo. No era el momento. Lloraría, y mucho, cuando Él ya no pudiera verla. Sabía que tenía que ser brusca en la ruptura, cortante, aunque eso le dejara descolocado, aunque no lo entendiera. Ella le quería demasiado y no iba a permitir que su salud fuera una carga para Él.

 

Todos los planes que tenían... todas las ilusiones... todo se fue como palabras que se lleva el viento cuando supo que su salud había empeorado. Iba a perder lo mejor que tenía en su vida y no había nada que pudiera hacer. Después de comer le besó y se despidió de Él para volver a su casa. Su fin de semana juntos había terminado. Y no se repetiría.

 

Solo que Él no lo sabía aún. El trayecto hasta su casa fue el más doloroso para ella. Dudas, preguntas... la asaltaban. Pero siempre prevalecía el "no puedo hacer que cargue conmigo, no estando así, no se lo merece". Se despidió de Él y, con eso, se despidió de si misma, de quien era, de lo que era. Sabía que esto formaba parte de ella, que siempre sería así, pero nunca sería lo mismo sin Él. Pasara lo que pasase, le deparara el futuro lo que le deparase, siempre sería suya. Llevaba su marca grabada a fuego en el corazón.

Comentarios   

 
Dubri
+1 #6 Dubri 30-12-2015 19:52
Siiiiiiiiiiiiii iiii lo conseguí. Jajajajajaja, muchas gracias, DaBotz.
 
 
Dubri
+1 #5 Dubri 30-12-2015 19:47
Cito a DaBotz:
Raro... a mi me deja cambiar a la f'abula sin problemas.

Hay que darle al icono del lapiz que sale, en los relatos que sean de uno, al lado del nombre en la pagina de los relatos.

A lo peor, si funciona el editor con el pasaje a la fuente HTML,
puedes probar a pegar directamente el codigo HTML de las lineas blancas.

Es decir, añadir esa linea:

<p> &nbsp; </p>

después de un </p> que ya esté en la fuente HTML, (que es como acaban los parrafos).


¿¿Mande?? ¿Tengo que pegar donde quiero que vaya una separación de párrafo esta línea   ? Porque la p solo me sale al inicio del texto. Mmmmmm voy a probar a ver. El icono de editar me sale, pero no me guarda los cambios. Probaré así.
Gracias y... gracias :-)
 
 
DaBotz
+1 #4 DaBotz 30-12-2015 18:16
En realidad, creo que has sabido expresarte muy bien, Dubri.
 
 
DaBotz
+1 #3 DaBotz 30-12-2015 18:15
Raro... a mi me deja cambiar a la f'abula sin problemas.

Hay que darle al icono del lapiz que sale, en los relatos que sean de uno, al lado del nombre en la pagina de los relatos.

A lo peor, si funciona el editor con el pasaje a la fuente HTML,
puedes probar a pegar directamente el codigo HTML de las lineas blancas.

Es decir, añadir esa linea:

<p> &nbsp; </p>

después de un </p> que ya esté en la fuente HTML, (que es como acaban los parrafos).
 
 
Dubri
#2 Dubri 30-12-2015 17:59
Muchas gracias, DaBotz. Me alegro mucho de que te haya gustado. :-)
Hay muchas cosas que quería decir con ese relato. Solo espero haber sabido expresarlas.
(Y probé con Firefox, pero no consigo ponerlo por partes). :sad:
 
 
DaBotz
+1 #1 DaBotz 29-12-2015 00:23
Me parece muy bueno, y conmovedor.

Gracias por escribirlo, Dubri.
 

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