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La espera.

Detalles

Se acerca el momento... No puedo dormir... En unas horas ella estará aquí.
Mi adorada sumisa. No puedo evitar reír. Esta semana ha estado siendo mala, tentándome, sabiendo que pronto estará en mis manos otra vez.

Sabe que se ha ganado un castigo. Lo malo es que si recurro a los azotes... Definitivamente eso no será un castigo para ella. Lo disfruta demasiado.

Decidido. La privaré de orgasmos. La llevaré al límite una y otra y otra vez, pero no la dejaré llegar. Deberá aceptar su castigo con orgullo. Aunque sé que suplicará. Tarde o temprano lo hará. Pero esta vez no cederé.

Le gusta jugar. Bien. A mí también. Jugaremos.

Me levanto de la cama, intranquilo. Quiero revisar por enésima vez que todo esté listo para cuando ella llegue.

Camino despacio por la sala, acariciando la cruz, frente a la cual, en unas horas, se arrodillará para que le ponga su collar...

La última vez que estuvo atada a ella, le retorcí los pezones sin tregua, bien fuerte. Seguí hasta que me mordió en el hombro. Tal vez eso merecía un castigo, pero la verdad es que me encantó que lo hiciera. Llevé la marca de sus dientes durante días.

No suele morder, pero cuando lo hace... casi me hace llegar al orgasmo. Es una manera de decir que está llegando al límite, pero es tan dura que por nada del mundo quiere que la palabra de seguridad salga de su boca.

Tampoco quiero que la diga. Me gusta llevarla al límite sin pasar de ahí. De ese modo, ambos nos sentimos orgullosos de cómo hemos actuado, de cómo ha ido la sesión y sé que, si llegara el día en que dijera la palabra de seguridad, se sentiría decepcionada con ella misma y sentiría que me ha defraudado. Cosa imposible. Nunca me defrauda. Pero la conozco muy bien. Sé cómo funciona esa cabecita suya.

Sigo caminando por la sala y recuerdo el día en que me sorprendió llamándome desde allí y, al entrar, la vi desnuda, sujeta por sus tobilleras y muñequeras al pilar que hay en el centro de la sala.
Junto a ella, en la mesa, estaba el collar. Ella lo miraba de reojo, divertida. Se lo puse, cogí el flogger y empecé a azotarla con él hasta que sus pechos estaban tan enrojecidos que en ciertas zonas empezaban a tener un tono violáceo. Momento de parar.

Estaba tan sonrojada, tan eróticamente húmeda cuando le introduje mis dedos y se los hice lamer para que notara su sabor... Imposible resistirse.
Tiene el Poder. Lo tiene sobre mi y sobre cualquier hombre que ella eligiera. Pero la quiero solo para mi. Es mía.

Oh, la silla... Esa silla de montar de madera a la que adapté un gran vibrador doble anclado a ella. Le cuesta tanto estarse quieta hasta que le doy permiso para empezar a moverse. Y mientras no hay permiso para moverse, no hay permiso para correrse.

Me gusta su mirada en esos momentos. Se vuelve tan "Dominante", casi como si mentalmente me exigiera que le diera permiso ya. Es deliciosa...

¿Eso es el timbre?. ¿Ya es de día?. Sí. Al fin. Ella está aquí.

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