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La Bicicleta

Detalles

 

Monalisa "Lisa" Garcias Rodriguez siempre quiso una bicicleta así, desde que era niña, aunque nunca tuvo el coraje de comentárselo a sus padres, ya que descubrir que la niña se había saltado a los filtros de su ordenador para buscar porno en Internet los habría vuelto locos .

Creciendo, se lo confesó a su primer novio que, claro, la tildó de loca y se marchó - sin embargo, no sin antes haberle dado uno cuantos polvos más bien aburridos.

Puede que simplemente se dio cuenta de aburrirla, y que mejor se marchara ya, tan decepcionado cuanto ella y con el corazón machacado, antes que ella no llegara a odiarle - O puede que fuera todo un hijoputa.

Esa se convirtió en toda una pauta para la vida sentimental de Lisa - el encuentro, el gran amor, la desilusión al ver que del lado físico las cosas no encajan, la confesión de lo que le gusta de verdad, y el hombre que desaparece pitando leche. Por lo que, con el tiempo, ella aprendió a esconderlo más pero, sin embargo, eso era sólo un alargar el malestar.

por un tiempo, se dio a los rolletes sin sentido, tirándose hombres encontrados en los bares, en pos de ese momento de excitación física que, aunque no la satisficiera de verdad, le permitía seguir funcionando.

Un día ella empezó a buscar unas alma cariñosas por las webs de contactos "raros"... Lo que la llevó a experimentar nuevas y exitosas formas de desilusión y remordimiento.

La mayoría de los "super-amos" que infestaban las webs no eran nada más que unos guarros en busca de un último polvo rarito, anchas bocazas llenas de palabras bien sonantes pero sin substancia por detrás.
Otros, más dañinos aún, se revelaron gilipollas en busca de 'venganzas' contra las mujeres.

Lisa estaba harta de ser humillada por gilipollas que pasaban de ella - por eso, le bastaban y sobraban ya sus padres.

En un año, ni uno de los hombres que encontró por las webs tenía los recursos para hacer nada más que atarla a la cama - lo que sin embargo era una gran mejora, frente a los polvos papá y mama con la que se había siempre tenido que conformar - y aún el mejor entre ellos se quedaba muy por debajo del hombre ideal de Lisa.

Después de un año de búsqueda infructuosa, se artó, dejó todas las webs y volvió a buscar en el "mundo real" , cobijando todos los bares por "singles" de su ciudad.

No tuvo mejor suerte que antes, así que lo dejó un rato, intentó con unas nuevas webs, fracasó otra vez, lloró, se hizo con una terapeuta que pasó una temporada a devolverle sus preguntas existenciales sin respuesta...

Al final, tan desesperada como pueden sólo serlo las mujeres sensibles, decidió aceptar un encuentro con alguien que no pintaba nada con sus ideales - una familia extendida que, sin embargo, demostraba que una relación SM real era posible.

Y eso era algo de lo que Lisa en esos tiempos necesitaba, y mucho, creer.

La pareja tenía una granja en las afueras de la nada - en Ourense, para entenderse - con una casa de piedra-alpende distinta de la construcción principal, en donde tenían una mazmorra y el laboratorio de ebanistería del hombre, un viejo coloso plantado en la tercera edad como una columna de músculos antiguos pero firmes, que respondía al nombre de José Pereira.

José no solo vendía muebles hechos por su mano, sino que construía también cosas "especiales" como todos los artilugios que había en la mazmorra - y en las de unos cuantos clientes más - y por eso había tenido que aprender también las artimañas de las muy obscuras artes de la carpintería metálica, frente a las cuales la magia de Aleyster Crowley queda como un juego entre los niños de la Abadía de Telema

La familia ya tenía una esclava en 24/7, una chica de unos veinte y pocos años con el cabello rasado, de nombre María - como tropecientas gallegas - que se parecía bastante a una Sinead O'Connor una pizca menos pinta de lesbiana politicizada.

Ellos buscaban una cuarta compañera, una "hermana esclava" por Maria, ya que, según el muy gracioso de José, los números impares son una putada en las relaciones.

Lo dijo en broma pero, al oírlo, sea Maria sea la Domme de la familia, la esposa de José - una mujer de unos cincuenta años con cañas en las sienes que se llamaba Luisa - asintieron convencidas.

El grupo no tenía nada de los ideales de Lisa - José era más viejo de lo que le gustaba, aunque estaba hecho bastante más sólidamente que todos los hombrecillos que se había tenido que tirar en ese año muy olvidadle , y María y su casi homónima Luisa estaban de por medio a su necesidad de ser la única mujer de su hombre.

Sin embargo, habían sido correctos al invitarla, simpáticos en los chateos, y ella deseaba, necesitaba creer que hay modos de estar en eso del BDSM y acabar encontrando una forma de felicidad.

Sin ideas de posibles romance de por medio, relajada y a gusto, acabó llevándose muy que muy bien con los tres, y hasta pasó una media hora describiendo a José ese sueño suyo de su niñez, la bicicleta auto-follante, sin saber que contar algo así a un súper manitas como él buen José era casi como pedirles de hacer una.

Fue así que el lunes después, mientras ella regresaba a Vigo y a su trabajo de oficinista sin ilusiones de ascenso, José subió a su viejo WolksVägen T2 y bajó en Ourense, en busca de una tienda de bicicletas que también vendiera piezas de recambio sueltas sobre una descripción muy sumaria.

El martes por la tarde ya el diseño de su nueva obra estaba listo, y encendí su fiel maquina para soldar MIG.

 El jueves por la noche, Lisa recibió un correo con unas fotos de su sueño de infancia, hecho metal y goma.

Se suponía que ese fin de, ella encontrara otro "dom" contactado en una web, un tal "AmoInfinito" - ya el nombre no le inspiraba mucha confianza, ya que la mayoría de los "AmoAlgo" que había encontrado hubieran hecho mejor impresión poniendo "GiliTanto" - pero, eso no era ninguna competencia con la idea de experimentar La Bicicleta, así que Lisa se sacó de la manga una de esas mentiras politicas - "emergencia damiliar" - que todos usamos a veces para deshacernos de los compromisos molestos, y prácticamente se invitó a la finca de los tres.

La bici de base se parecía mucho a la de cross que ella que tenía, cuando era niña - sólo más grande, del tamaño correcto para una persona adulta.

El mecanismo era más complejo en las fotos que le desataron ese deseo, ya que aquella bici tenía a una corona y cadena segundaría, mientras que esta se la apañaba con sólo un juego de cigoñal y una vara de un lado.

Detalle

También había una pequeña bomba, que echaba unas gotas de un lubricante denso, por un tubo que llegaba hasta tope al dildo de silicona, cada vez que ese llegaba al punto muerto superior. Todo un detalle que José había añadido, para que ella pudiera seguir conduciendo más tiempo sin que el escorzo no la destrozara.

Casi antes de darse cuenta, ella había dejado su ropa en el suelo y se había sentado, con tan sólo los calcetines y sus botas de tenis encima, "alrededor" del dildo de sílicona. Se dio cuenta enseguida que la posición de ese era más apta para una penetración anal que para una vaginal, ya que iba unos centímetros demasiado atrás.

Levantó los ojos, para mirar a José, que tenía una sonrisa la mar de picara en la cara y un buen bulto en la delantera de sus pantalones.

El hombre se volvió hacia su mesa de trabajo, y sacó de una caja una cinta de cuero con candados, pulseras y tobilleras y dos  cortos trozos de cadena, antes de acercarse a Lisa.

Lisa se sintió caer en su "modalidad sumisa", irresistiblemente, y no supo hacer nada más que asentir cuando José se le explicó, con cierta esmerada calma, lo que el verla tan entusiasta le había sugerido.

Al oír su asenso, José empezó poniéndole la cinta y los demás atadores, y cuando fue cierto que todos estaban en su sitio y apretados correctamente, le pasó un brazo por debajo de las axilas y la levantó de fuerza del dildo, para apoyarlo enseguida al ano de la joven mujer , y dejarla caer lenta y cuidadosamente encima de ese trozo de goma bien formado.

Por muy lubricado que fuera, los juegos anales no eran lo más habituales para Lisa, y le costó bastante pena poderse sentar en el sillín esta segunda vez.
Pero, fue una pena obscuramente placentera.

Cuando conseguí sentarse, José ató la cinta que llevaba en las hingles a los aros que salían del sillín - Lisa ya no podía levantarse más, por mucho que lo intentara..

El viejo sacó una larga fusta, de esas que se usan para entrenar los caballos, y le indicó de seguirle, hasta un palo que salía en el medio de la corte entre el detrás de la casa principal y el alpende.

La ató a ese palo, enseguida, por uno de los aros laterales en la cinta y con algunos metros de cuerda, de forma que ella fuera obligada a correr en circulo, como un caballo.

Pedalear con ese dildo subiendo y bajando en sus entrañas se reveló tan molesto y humillante cuanto ella había siempre soñado, y tan satisfacente.

Además, María y Luisa habían salido de la casa y estaban en el porche, mirando como José estaba "rompiendo" su resistencia, lo que añadía mucho a su humillación - y a su placer.

Las dos mujeres hablaban entre sí, y de vez en cuando María le echaba un grito de soporte apodando-la de "Hemana Esclava", lo que la hizo sentir curiosamente orgullosa.

José seguía dándole ordenes, "más rápido- más lento",

Pese a la maestría de José, Lisa sólo pude andar por unos quince minutos, antes de que su primer orgasmo en muuucho tiempo no le cortara las piernas, y solo la experiencia del viejo, que lo había previsto y se puso a su lado a tiempo, para sujetarla cuando ella se dejara caer de lado con bicicleta y todo, hizo que no se estrellara en el suelo.

José esperó que Lisa saliera de su trance sumisiva, antes de pedirles si quería seguir adelante, y le acuerdó que la familia usaba el "semaforo" - verde para todo bien, amarillo si las cosas se hacían demasiado intensas y había riesgo de pasarse, rojo si era necesario parar los juegos ya - como palabra de seguridad.

Ella volvió a patalear, al comienzo titubeante y después con más y más gana, encima de su bicicleta de los sueños, dando una que otra vuelta en el corral, tal vez frenada, tal vez adelantada por las ordenes de José.

Después de unas dos horas y otros seis orgasmos, ella pidió - mejor, imploró - el permiso de venir a correr con la bicicleta, los fines de semanas.

Tres meses después, Lisa encontró un trabajo de medio tiempo en la ciudad más cercana, y se mudó a vivir con los tres, en la habitación que ya fue de la segunda hija de José

Y Lisa ya no tuvo que buscar nunca más ese amo perfecto que siempre se le  había escapado.

 

Comentarios   

 
DaBotz
+1 #1 DaBotz 25-07-2016 12:05
Lo admito. sólo es otra fábula BDSM.
 

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