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EL PRIMER ENCUENTRO CON LA SUMISA NOVATA

Detalles

Era una cruel ironía... Ella llevaba mucho tiempo deseando conocer a su nuevo Amo, verle por fin... y sin embargo, lo primero que hizo él cuando ella entró en su casa fue vendarle los ojos. Apenas pudo vislumbrar la estancia en la que se encontraban y mucho menos a él, pues se puso a su espalda y la impidió moverse mientras le ponía aquel trozo de tela negro en los ojos. Aunque al principio para ella fue una decepción, no pudo evitar sentirse excitada ante la idea de estar a punto de entregarse a un hombre al que no le había visto la cara.

 

Siempre había fantaseado con la idea, pero nunca había tenido una experiencia real de sumisión. A él le conoció como había conocido a tantos otros: por internet. Pero los demás no le decían nada. En cambio, él llamó su atención desde el primer momento. Pensaban... sentían... se expresaban igual. En su interior sentía la necesidad de conocerlo y sabía que tarde o temprano ocurriría. Y ese momento había llegado. Se encontraba allí, junto a él, expuesta a sus caprichos y un escalofrío, mezcla de miedo y satisfacción, recorrió su cuerpo.

 

Aquello suponía la entrega total a otra persona y harían cosas que ella por si sola no hubiese podido hacer. Estaba nerviosa, pero deseaba con todas sus fuerzas que ocurriese lo que iba a pasar.

 

Su amo le ordenó que se desnudara completamente. Oír su voz dándole la orden volvió a hacerla estremecer, pero sin dudarlo ni un momento comenzó a descubrir su cuerpo. Deslizó los tirantes de su vestido por sus hombros y lo dejó caer al suelo, se quitó un minúsculo tanga y se descalzó.

 

Sin que él se lo ordenara, ella levanto los brazos entrelazando las manos tras la nuca y abrió ligeramente las piernas, de forma que su mano pudiese examinar su intimidad. Se acercó a ella y depositó un suave beso en sus labios mientras con su pulgar empezó a acariciar sus pezones, primero con suavidad, pasando después a pellizcarlos ayudándose con el dedo índice.

 

La joven sumisa emitió un pequeño suspiro mientras él repetía la operación alternativamente en cada uno de sus pechos. Después deslizó su mano hasta llevar al pubis.

 

- Así me gusta, -dijo-, bien depilado.

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