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CAFÉ FRAPPÉ

Detalles

El sol de la tarde que se tamizaba entre las hojas de los árboles, el agua de la fuente cayendo en el estanque y los susurros de la brisa jugueteando con las ramas enmarcaban aquel tranquilo rincón del jardín. Era un espacio amplio, agradable y escondido de miradas indiscretas. Mister M estaba cómodamente sentado, su café encima de la mesita blanca de forja; a sus pies estaba ella, sobre una mullida alfombra disfrutaba de un frappé de café con leche. No llevaba más que una ligera bata semitransparente y sonreía embobada mirando a su Señor. La charla era alegre y distendida, con silencios cómplices y risas sonoras. Con un gesto, le indicó que se acercase a él mientras alargaba el brazo hacia una pequeña estantería y acercaba un cestito, colocándolo encima de la mesita. Alma vio que contenía pinzas y también una cadena plateada y varios mosquetones pequeños. Mister M le indicó que, un poquito más cerca y, cuando la tuvo al alcance de la mano, con sus dedos, le separó las piernas y empezó a explorar los labios de su sumisa. Cogió la cadena de la cesta y se levantó. La acercó a la piel de Alma que se estremeció con el frío metal. Mister M se la colocó por detrás del cuello y la deslizó a ambos lados. La unió con uno de los mosquetones a modo de collar, dejando que los extremos bajaran por su abdomen. Se la pasó entre las piernas, separando los labios del clítoris y la subió nuevamente hasta el cuello, dónde la aseguró con otro mosquetón. Luego, la fue envolviendo con el resto de la cadena… debajo de las tetas, por el abdomen… dibujando un hermoso entramado sobre el cuerpo de Alma Cuando terminó, le pidió que diera un par de pasitos para contemplarla. Ella giró despacio, para que Mister M disfrutase de su obra. Y, cuando él le indicó, se acercó nuevamente hasta su Dueño que lucía una de aquellas sonrisas entre traviesa, dulce y gamberra que hacían estremecerse a Alma, mientras tomaba alguna pinza del cesto. Empezó por colocar un par de ellas en sus pezones, luego colocó otras dos en sus labios menores y tres o cuatro en cada uno de sus labios mayores. Ella dio pequeños quejidos mientras su Amo decoraba todavía más su cuerpo. Resopló un poquito y tuvo que respirar profundamente varias veces hasta que su cuerpo se acostumbró a aquellas sensaciones. No es que el dolor desapareciera, sólo se volvía más sordo y tolerable. Su Señor, siempre paciente, le permitía estos momentos para que pudiera recolocar sus sensaciones antes de seguir. Y, ella, pudo verlo sonriendo complacido. - Tengo un pequeño capricho, mi Alma. Ve caminando a la alfombra. Quiero que te masturbes allí para mí. Despacio, despacito porque las pinzas de los labios menores le molestaban más que un poco, Alma se acercó hasta la alfombra. Quería tumbarse para complacer a su Señor, pero no era capaz de hacerlo con aquellas pinzas infernales. Mister M se dio cuenta de que algo ocurría y se acercó a ella. Con mimo le retiró las pinzas de los labios menores y la ayudó a tumbarse para que no se hiciera daño. Entonces Alma, se fue acomodando en la alfombra mientras él regresaba a su asiento, se tumbó colocando su cabeza sobre un cojín y esperó a que su Señor estuviera acomodado antes de deslizar sus dedos hasta el clítoris, abrir bien las piernas y se empezarse a tocar. Era una situación nueva y, muy excitante con las pinzas y la cadena. En poco tiempo, notó que la excitación iba alcanzando el clímax y se lo dijo a su Amo, quien le dijo que se dejase ir y disfrutase. Tuvo un orgasmo dulce y la sonrisa de su Señor todavía lo endulzó más. Aún estaban disfrutando de las oleadas del placer cuando notó que las pinzas iban desapareciendo y, al llegar a las de los pezones, tras el latigazo de dolor al sacarla, notó una dulce sensación reconfortante y húmeda que era la lengua dedicada de su Señor aliviándola. Todavía le dejó colocada la cadena, que empezaba a hacerse pesada al moverse. Le tendió una mano para que se levantase y la condujo hacia un pequeño bosquecillo dónde unas cuerdas estratégicamente colocadas esperaban las muñecas de Alma. Le sujetó los brazos, casi en cruz y luego, con otras dos fijó sus tobillos, manteniendo las piernas abiertas. La acarició por la espalda y luego, por delante, apretando sus tetas y examinando exigente aquel coño que estaba todavía empapado. Ella se estremeció tanto como las cuerdas se lo permitían, notando el peso de la cadena sobre sus hombros y su contacto en los labios. Mister M, se colocó a su espalda y, por el sonido, Alma supo que iba a usar el cinturón. Intentó relajarse y esperar. - Cuenta conmigo, mi Alma. Y así, empezó a contar con su Dueño cada uno de los doce azotes que recibió. No eran intensos, bueno… el ultimo sí. Mister M se permitió el capricho de azotarla un poco fuerte para marcar el cinturón en aquellas coloradas y calientes nalgas que tanto le gustaba decorar. Antes de soltarle las ataduras, la liberó de la cadena. Sabía que el peso ya la estaba cansando y que ella aguardaría antes de quejarse sólo para satisfacerlo. Fue soltando los mosquetones y cuando la liberó de todo, masajeó su cuello y sus hombros para ayudarle a relajarse. También coló sus dedos en el coño de su sumisa y no pudo resistirse a torturar un ratito aquel clítoris tan sugerente. Ella se estremeció pero no tenía mucho margen de movimiento y él pudo continuar con aquella tortura un poco más. Aunque estaba disfrutando mucho, era consciente de que ella empezaba a estar agotada. La desató con mimo, dejando que las cuerdas se deslizasen delicadamente por sus muñecas para que ella sintiera aquella sensación que tanto le gustaba. Luego, la abrazó y la llevó hasta la alfombra, dónde la acurrucó con mimo. Después de un largo y dulce abrazo, la cubrió con la bata, le acomodó la cabeza, besó su frente y le dijo que volvería en un instante, que descansase. Regresó enseguida, con un frappé descafeinado con leche en cada mano. Acercó su asiento a la alfombra y le ofreció uno de los frappés. Ella asintió, dándole las gracias. Mister M pasó el frappé por las tetas de Alma provocando un escalofrío en ella y luego se lo dio con una sonrisa mientras susurraba que todavía quedaba tiempo para disfrutar.

Comentarios   

 
Iciar
#2 Iciar 09-09-2018 19:35
Tienes razón en lo de la separación de los párrafos, es que el editor de texto y yo tenemos una relación muy tensa todavía. Él se empeña en hacerme la vida imposible :(

En cuanto a la pregunta... sabes tan bien como yo que una dama, aunque sea sumisa, hay secretos que no comparte o; en este caso, que sólo comparte con su Amo y Señor. ;)
 
 
DaBotz
#1 DaBotz 08-09-2018 13:24
Me habría gustado los párrafos fueran más separados, y hay un punto donde habría visto mejor un pronombre que repetir el nombre de ella (ya sé, soy de una quisquillosidad brutal, o de un brutalismo quisquilloso).

Me gusta mucho la atmósfera, y no puedo reprimir una pregunta que me sale: Cuanto de esto probó, en primera persona, la autora?

Misterio y excitación.
 

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