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jugando con cerillas

Detalles

Habían acordado para esta segunda cita quedar en el cine, la propuesta fue de ella y el aceptó de buen grado. La primera vez que se vieron fue tomando una copa tranquilamente, charlaron mucho de ellos, sus vidas e inquietudes. Comenzaron a jugar por teléfono, mensajes, fantasías, propuestas...., adoptando cada uno su papel y su lugar en el tablero que se abría ante ellos. Llegaron casi a la vez y ella sacó las entradas, era una película alemana en versión original, fumaron un cigarro, y como el no tenía fuego, ella le dejó una caja de cerillas. Acabaron los cigarros y entraron.

La elección no había sido casual, ella conocía esos cines y escogió la sala por sus características, la parte de atrás se dividía en dos partida por el pasillo de entrada, dejando a cada lado tres filas de tres asientos cada una donde casi nunca se sentaba nadie y así tendrían la suficiente intimidad. Dejó que ella se sentara contra la pared, quedando el en la parte que daba al pequeño pasillo que bajaba hacía la entrada. Apoyó sus cosas en el asiento vacío y entre pequeñas risas nerviosas esperaron que comenzara la película. Los primeros veinte minutos ambos fingieron estar atentos a la pantalla aunque se miraban disimuladamente por el rabillo del ojo.

Después ella poco a poco fue deslizando su cuerpo en el reposabrazos hacía su derecha, buscando el contacto. Al notar el acercamiento el simuló un cambio de posición para apoyarse y rozar su brazo. La película avanzaba y el trataba de mantener el hilo, aunque continuamente se fijaba en ella; mientras ella, que lo sabía nervioso y expectante disfrutaba de la situación sin hacer mucho caso a la pantalla. Con los brazos juntos entre los asientos, ella pasó su mano sobre la de el acariciándolo ya sin disimulo. El efecto fue relajador para el, que se destensó liberando una sonrisa en sus labios. Escuchó un leve sonido metálico que no fue capaz de situar, en la pantalla o a su alrededor, y cuando se dio cuenta se vio esposado al reposabrazos.

Se giró y la vio sonreír abiertamente – no querías jugar?, pues el juego a comenzado- le dijo acercándose a su oído. Bajó su boca y le mordió el cuello fuerte y rápidamente, lo que le hizo retorcer la cabeza hacía ese lado, cosa que ella aprovechó para, aguantando la cabeza girada con sus manos, besarle con pasión y lujuria, buscando su lengua y cercándolo con sus labios. Se apartó y le dijo -ya eres mio chaval- . El se sentía sorprendido y excitado a la vez, expectante por ver los próximos movimientos de su compañera de asiento que sonreía con una mezcla de picardía y maldad en su expresión. -Pórtate bien y estate quieto- le dijo mientras le pasaba la mano por el brazo esposado. Siguió recorriendo con la mano la parte del cuello donde antes le mordiera y bajando por su camiseta con la palma abierta y en zig-zag.

Al llegar al final de la camiseta colocó la mano sobre su pantalón, encima del bulto de su paquete, comenzando a cerrarla lentamente tanteando el tamaño. Con delicadeza agarró con su mano las partes de el y comenzó a frotarlas notando que empezaba a tener una erección, lo que la hizo masajearlo con más ímpetu y comenzar a excitarse. Cuando el bulto adquirió un tamaño considerable lo frotó con fuerza pasándole la palma de la mano y, lentamente, comenzó a desabrocharle el pantalón. Al terminar con el último botón metió sus dedos por la ranura del boxer para tocar esa masa de carne dura y en tensión. La calibró, la acarició y, guiándola con sus dedos, la sacó fuera de su escondite. Al verla al aire se mordió los labios y le pasó los dedos por la punta, roja y seca. Comenzó a masturbarlo lentamente ,sintiendo el calor del pene en su mano, su flujo sanguíneo, la plasticidad de su piel. Se estaba excitando cada vez más, y, apartado la mano le sacudió un par de palmadas, que no hicieron mella en la posición erecta del miembro.

Recostándose un poco en el asiento se quitó las bragas y se subió la falda. Abrió las piernas para que el pudiera ver su sexo y comenzó a masajearse el clítoris. El, a estas alturas , ya no prestaba atención a la película, y al tener la mano derecha esposada no podía acercársela para tocarla. Ella lo sabía y, cuando el puso su otra mano en el pene lo apartó bruscamente – sólo yo puedo tocar, nene, si no tendrás castigo- . El obedeció sin abrir la boca, había aceptado su papel y su rol en el juego y estaba dispuesto a llegar al final; además el ceder el control lo tenía excitado y estimulaba sus fantasías. Recostándose más ella volvió a jugar con su clítoris y sus labios, estaba mojada y muy caliente. Le pasó uno de sus dedos humedecidos por sus jugos por la boca a el, que s esforzó en relamerlo y lo chupeteó como un caramelo, con lascivia y deseo.

Ella sonreía, estaba contenta, como premio cogió sus bragas y se las pasó por la cara, dejando que oliera el aroma de su cuerpo y de su sexo. La película encaraba su parte final, el tiempo había pasado volando, los escasos espectadores seguían atentos a la pantalla y ellos dos disfrutando de su pequeño juego. Volviendo a masturbarlo, ella se agachó y le pasó la lengua por la punta del pene, estaba húmedo ya, dulce y caliente, lo metió en su boca y lo gratificó con un par de succiones rematandolo con su lengua lamiéndolo y disfrutando de su sabor. Entonces se levantó y le dijo que necesitaba ir al lavabo para refrescarse un poco, pasó por delante de sus piernas y, subiéndose bien la falda le mostró su sexo dejando que el acercara su cabeza para olerlo y sentirlo bien cerca. Cuando vio que el trataba de acercar su lengua dejó caer la falda y siguió su camino hacia el pasillo. Miró hacia atrás sonriendo y pasando la lengua por los labios y salió de la sala.

Aprovechando la ausencia de ella, el cogió las bragas y las volvió a oler, comenzando a masturbarse levemente recordando la imagen del sexo de ella delante de su cara. Pasaron los minutos y la película llegaba a su fin, el comenzó a intranquilizarse viéndose esposado a la butaca y solo. Ella seguía sin aparecer y, ahora si, el comenzó a sentir pánico y vergüenza a partes iguales. Atento a la pantalla entendió que la historia estaba en su desenlace, todos los cabos atados y el allí solo e inmovilizado. Justo cuando finalizaba la película notó la vibración de su teléfono, lo cogió y vio que era un mensaje de ella; “dentro de la caja de cerillas hay una llave pequeña ;)”, “no tires la caja, en el dorso tienes el lugar donde encontrarme”.

Cogió la llave y se soltó, cuando las luces encendían se subió los pantalones y los abotonó. Giró la caja de cerillas en su mano y leyó motel keops. Cuando estaba a punto de contestar a los mensajes el teléfono volvió a vibrar y entró otro mensaje “tienes dos oportunidades para acertar el número de la habitación”, “como soy buena te daré una pista”, “es un número impar y de dos cifras ; .” . A la segunda acertó, estaba ya camino del coche, caminando a prisa y excitado por las ganas de tenerla cerca de nuevo, ella volvió a enviarle un nuevo mensaje “al aparcar en el garaje encontrarás una venda, quiero que te vendes los ojos y subas a la habitación así”, “al entrar te desnudarás lentamente sin quitarte la venda”, “no olvides mis bragas, cuando estés completamente desnudo quiero que las tengas en tu mano”. Arrancó el coche con una sonrisa de oreja a oreja, puso la música alta y se dirigió al motel. Sonó de nuevo el teléfono “el juego no a echo más que empezar ;)” “no tardes que se enfría el agua de la bañera”.

   

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